Una monografía del Strategic Studies Institute analiza la gran estrategia brasileña desarrollada bajo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Escrita por Hal Brands, profesor auxiliar de Políticas Públicas en Duke University, se dedica a explicar como durante el mandato de Lula da Silva, él ha gestionado una gran estrategia apuntada a acelerar la transición desde la unipolaridad y la hegemonía económica occidental, hacia un orden multipolar en que las reglas internacionales, las normas e instituciones son más favorables a los intereses brasileños y Lula lo ha hecho dando énfasis a tres estrategias diplomáticas: Equilibrando suavemente contra los Estados Unidos, construyendo coaliciones para magnificar el poder de negociación brasileño, y buscando posicionar Brasil como el país líder de una América del Sur más unida.
En opinión de Brands, esta estrategia ha levantado el perfil de Brasil con éxito y ha aumentado su flexibilidad diplomática, pero también ha expuesto el país a cuatro dilemas estratégicos potentes que podrían complicar o podrían minar su ascensión. Primero, problemas tales como la pobre infraestructura, el crimen desenfrenado, e imposición de contribuciones excesiva y regulación de la economía pueden impedir que Brasil vaya a lograr un crecimiento económico fuerte y una cohesión social necesaria para sostener semejante proyecto estratégico. Segundo, tratando con América del Sur, la clase política brasileña no se ha reconciliado su deseo para la dirección regional con su renuencia a compartir elpoder o los beneficios económicos con sus vecinos. Como resultado, muchos de estos países perciben la diplomacia de Brasil como que trata de estar dominando y sus políticas de comercio, con un fuerte "autointerés", y ellos se han negado a apoyar la oferta de Lula para una superioridad regional.
Tercero, a nivel global, la cohesión a largo plazo y la efectividad de varias sociedades diplomáticas de Lula está abiertas al cuestionamiento. Cuarto, mientras Lula ha mantenido las relaciones buenas con el gobierno norteamericano en Washington, su gran estrategia inevitablemente vincula un riesgo creciente de conflicto sobre problemáticas tales como Irán, política de comercio, y el rol el papel diplomático y militar de EE.UU. en América Latina.
En perspectiva, la eficacia de "la gran estrategia brasileña" y sus consecuencias para los intereses de Estados Unidos serán contingentes sobre cómo los sucesores de Lula se dedican a resolver estos dilemas.
Para muestra, Hal Brands destaca las siguientes temáticas: Presidente Lula ha puesto mucha esfuerzo en fortalecer las fuerzas armado de Brasil, donde el gasto militar aumentó de $9.23 mil millones a $23.9 mil millones entre 2003 y 2009, permitiendo grandes actualizaciones tecnológicas. Brasil ha comprado helicópteros de ataque en Francia y Rusia, además de aviones de combate y de transporte militar a los proveedores europeos, así como cuatro submarinos Scorpene en Francia. También planea desarrollar un submarino de ataque nuclear, en cooperación con Francia, y militares brasileños han gestionado equipamiento de proyectiles de corto alcance, equipo de visión nocturno, y sensores termales y electrónicos.
En ciertos aspectos, Brasil parece ser un país bien posicionado para cumplir este desafío a largo plazo, sobre todo cuando se le compara a otros poderes medios y otros estados que van surgiendo. A diferencia de China ó Rusia, Brasil tiene una democracia genuina, multipartidaria. A diferencia de India, la sociedad en Brasil no se destruye por la violencia comunal ó religiosa persistente.
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