La energía nuclear aporta alrededor de un 6 por ciento a la matriz energética de Argentina, con dos plantas operativas en el país, y el Gobierno busca aumentar ese porcentaje llevando a cinco el número de centrales nucleares. Según la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de dicho país, para la generación de energía eléctrica se ocupa el gas y el petróleo en un 59 por ciento, e hidráulica en un 35 por ciento.
Pero las reservas de gas y petróleo y las necesarias inversiones de aprovechamiento se se están reduciendo dramáticamente. Según un reporte de la agencia Reuters, el ex secretario de Energía Jorge Lapeña recalca, "en el 2010 Argentina tiene menos de siete años de reservas". Análisis empresariales indican que, debido a que las tarifas prácticamente congeladas desde 2002, no cubren los costos, se desalientan nuevas inversiones. Lapeña destaca además que "el gobierno argentino no ha definido qué va a hacer con la minería de uranio, no ha definido qué tipo de central, si de uranio enriquecido o natural piensa construir, y sobre todo no tiene una estrategia financiera para llevar adelante los emprendimientos, no es un plan nuclear".
La falta crítica de inversiones en el sistema energético argentino, obligó al gobierno a importar energía y restringir el suministro en períodos de alto consumo. De acuerdo a lo expresado por José Luis Antúnez, vicepresidente de Nucleoeléctrica Argentina (NASA), empresa estatal a cargo de la producción y comercialización de la energía eléctrica generada por las centrales en funcionamiento, hay un plan nuclear enfocado a terminar la construcción de una tercera central nuclear, paralizada durante más de una década hasta 2006, edificar dos más y extender la vida útil de una de las dos que está actualmente en funcionamiento. El aporte nuclear podría llegar a un 15 por ciento del total de la matriz para el año 2025.
La minería de uranio está frenada por medidas judiciales en la occidental provincia de Mendoza, donde se encuentra el yacimiento de Sierra Pintada, que ya fue explotado en el pasado y que es el único en el país que está listo para comenzar con la extracción. La extensión de la vida útil de la central Embalse depende parcialmente de financiamiento aportado por la Corporación Andina de Fomento (CAF), mientras que otras dos nuevas centrales podrían ser financiadas por las mismas empresas extranjeras que aporten la tecnología para las construcción de las plantas.
Pero el interés nuclear no sólo viene desde dentro de Argentina, sino también desde fuera. Durante la última semana de agosto de 2010 una delegación de la China National Nuclear Corporation (CNNC) visitó Argentina para gestionar diversas reuniones con las autoridades del sector nuclear argentino, a fin de identificar posibles áreas de cooperación y temas estratégicos concretos en los cuales potenciar las capacidades de ambos países a partir del trabajo conjunto.
Además, desde el país trasandino se consideraron cuestiones vinculadas a la Agencia Brasileño Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), y se desarrollaron las reuniones de la Comisión Binacional de Energía Nuclear (COBEN) y el Comité Permanente de Política Nuclear (CPPN), siendo todos ellos mecanismos principales de la cooperación nuclear entre ambos países.
Ya la presidenta de la comisión argentina de energía atómica, Norma Boero y el ministro de Planificación, Julio De Vido, oficializaron los estudios de prospección de uranio en la provincia de La Rioja y la realización de estudios para la instalación del primer reactor de potencia Carem de 150 MW para la provincia de Formosa, en lo que Boero destacó como el "concepto de federalización de la actividad nuclear, llevando tecnología de punta, desarrollo industrial y energía eléctrica a esa provincia. Es fundamental llevar el desarrollo nuclear y capacitar a la gente del lugar para el mantenimiento y la operación".
Respecto a este reactor, fuentes ligadas a la comisión argentina de energía atómica señalan que, a diferencia de otros proyectos cuyos diseños buscan la generación de potencias superiores a los 600 o 700 megavatios, con este reactor de baja potencia la Argentina apunta a un nicho específico y más acorde a sus capacidades: su primer prototipo (que actualmente se encuentra en la etapa previa a su construcción) será de aproximadamente 25 MW de potencia eléctrica, capaces de abastecer a una población de hasta 100 mil habitantes.
Además este tipo de reactor permitirá también prestar otro tipo de prestaciones como el suministro eléctrico específicamente a polos industriales con alto consumo de energía en zonas alejadas; desalinización de agua; suministro en regiones aisladas; o el simple aporte de energía a las grandes redes de interconexión eléctrica. Se ha estimado en estudios preliminares que dicha potencia, con ciertas modificaciones en la ingeniería del reactor, podría ser llevada en una etapa posterior hasta más de 300 MW. Esa potencia generaría También es un rasgo destacable del CAREM que, de acuerdo con las estimaciones iniciales, no menos del 70% de esta central podrá ser provisto por empresas nacionales profesionalmente calificadas.








