A más de una década del megaterremoto y tsunami de 2010, el país conmemora a las víctimas y releva los aprendizajes en prevención y reconstrucción
CONSTITUCIÓN, REGIÓN DEL MAULE – A las 03:34 horas del 27 de febrero de 2010, Chile vivió uno de los episodios más impactantes de su historia reciente, cuando un terremoto de magnitud 8.8 sacudió gran parte del territorio nacional, marcando un antes y un después en la vida del país. A 16 años de la catástrofe, comunidades, autoridades y familias recuerdan a las víctimas y reflexionan sobre los avances alcanzados en materia de prevención y reconstrucción.
El movimiento telúrico, que se extendió por dos minutos y cuarenta y cinco segundos, afectó a cerca del 80% de la población nacional, generando severos daños estructurales y alterando incluso parámetros científicos del planeta, al inclinar levemente el eje terrestre y acortar la duración del día en 1,26 microsegundos.
La tragedia adquirió mayor dimensión con la llegada del tsunami que impactó violentamente el borde costero. Localidades como Bucalemu y Constitución quedaron marcadas por la destrucción y la pérdida de vidas humanas, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva del país.
Durante las horas y días posteriores, la población enfrentó réplicas constantes y un escenario de incertidumbre, incluyendo fuertes movimientos sísmicos registrados el 11 de marzo de 2010, coincidiendo con el cambio de mando presidencial de la época.
A pesar del impacto, el 27F también impulsó profundos cambios. La emergencia obligó a fortalecer las normas de construcción, mejorar los estándares habitacionales y avanzar en planificación urbana, procesos visibles en ciudades como Rancagua, Curicó y Talca, donde la reconstrucción permitió modernizar sectores dañados y reforzar la preparación ante futuros eventos naturales.
La conmemoración tuvo uno de sus momentos más significativos durante esta madrugada en la costanera de Constitución, frente a la Isla Orrego, uno de los lugares más golpeados por el tsunami. En el sector se desarrolló un oficio religioso en memoria de quienes perdieron la vida, instancia marcada por el recogimiento y el recuerdo de las familias afectadas.
A dieciséis años del megasismo, el país continúa enfrentando el desafío de fortalecer la cultura preventiva. Recordar el 27F no solo implica rememorar el miedo de aquella noche, sino también honrar a las víctimas, reconocer la vulnerabilidad ante la naturaleza y reafirmar el compromiso de construir un Chile más seguro y preparado.

