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Investigadores aclaran fenómeno astronómico detrás de la supuesta segunda luna que tendría la Tierra

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El asteroide es una cuasi-luna con órbita propia alrededor del Sol y no representa riesgos para el planeta

CHILE – El interés generado por el objeto 2025 PN7 ha impulsado diversas especulaciones sobre la posibilidad de que la Tierra cuente con una “segunda luna” hasta el año 2083. Sin embargo, especialistas en astronomía aclararon que se trata de un asteroide clasificado como cuasi-luna o cuasi-satélite, fenómeno ya conocido que, aunque puede parecer que orbita la Tierra, en realidad mantiene una órbita independiente alrededor del Sol.

Las cuasi-lunas corresponden a objetos que, desde la perspectiva terrestre, aparentan seguir una órbita similar a la de nuestro planeta, pero cuya dinámica responde únicamente a su traslación solar. Estos efectos pueden extenderse desde meses hasta incluso siglos, según explicó César Fuentes, investigador asociado del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) y académico del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile.

El asteroide 2025 PN7 orbita en resonancia 1:1 con la Tierra, lo que significa que completa su trayectoria alrededor del Sol en un periodo muy similar al de nuestro planeta. Esta coincidencia provoca la impresión de que acompaña a la Tierra en su recorrido.

La mayoría de los objetos de este tipo provienen del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, remanentes del proceso de formación del Sistema Solar que, debido a perturbaciones gravitacionales, pueden migrar temporalmente hacia el interior del sistema y adoptar órbitas similares a la terrestre.

Según detalló Fuentes, 2025 PN7 no es un caso único. “Hay más de una decena conocidos que tienen órbitas parecidas a la de la Tierra, hasta que después cambian su trayectoria y dejan de estar cerca, para luego volver a acercarse”, indicó.

A pesar del interés público, la interpretación de 2025 PN7 como una “segunda luna” fue tajantemente descartada por el académico. “No está ligado gravitacionalmente a la Tierra, ni en una órbita estable como la Luna. Está mucho más lejos de la distancia que nos separa de nuestro satélite natural. La afirmación de que es un segundo satélite es incorrecta”, enfatizó.

Los objetos de este tipo no pueden observarse a simple vista ni con instrumentos amateurs, dada su baja luminosidad y reducido tamaño —estimado entre 18 y 36 metros de diámetro—, por lo que su monitoreo depende de telescopios profesionales y programas científicos especializados.

Respecto a eventuales riesgos, la comunidad astronómica fue clara: 2025 PN7 no representa ninguna amenaza para la Tierra. Al no estar gravitacionalmente ligado a nuestro planeta, no afecta su órbita. Incluso en el escenario extremadamente improbable de un impacto, se trataría de un evento local debido a su tamaño reducido.

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