La ofensiva estadounidense se apoyó en meses de inteligencia encubierta y culminó con el traslado del mandatario venezolano a una cárcel federal en Nueva York.
CARACAS / WASHINGTON – La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se concretó durante una operación militar estadounidense de alta complejidad, ejecutada durante la madrugada del sábado 3 de diciembre, la cual habría dejado alrededor de 40 personas fallecidas, entre civiles y militares, según un funcionario venezolano citado de forma anónima por The New York Times.
De acuerdo con la publicación, la ofensiva culminó con la extracción aérea de Maduro y su esposa, en una acción que fue confirmada públicamente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aseguró que no hubo bajas estadounidenses, aunque reconoció que algunos militares resultaron heridos.
En las horas posteriores a la incursión comenzaron a conocerse antecedentes sobre víctimas civiles. En Catia La Mar, una zona costera al oeste del aeropuerto de Caracas, un bombardeo impactó un edificio residencial de tres plantas, derribando parte de su estructura. El ataque provocó la muerte de Rosa González, de 80 años, y dejó a otra persona gravemente herida, según confirmó su familia al medio estadounidense.
El impacto dejó el interior de los departamentos expuesto, con restos de metralla visibles, entre ellos un retrato de Simón Bolívar aparentemente perforado por fragmentos del ataque.
Posteriormente, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Dan Caine, informó que helicópteros estadounidenses recibieron fuego mientras se desplazaban para extraer a Maduro. Una de las aeronaves fue alcanzada, pero “siguió siendo operable”, permitiendo el retorno seguro de todas las unidades involucradas.
Tras la operación, Maduro fue trasladado vía aérea por decenas de agentes federales a una cárcel federal en Brooklyn, donde permanece recluido en el Metropolitan Detention Center, a la espera de comparecer ante un tribunal federal de Nueva York.
Meses de inteligencia encubierta
Según reveló The New York Times, la captura fue precedida por meses de trabajo clandestino de la CIA en Venezuela, iniciado en agosto. Un equipo encubierto logró operar sin cobertura diplomática, recopilando información detallada sobre los movimientos, rutinas diarias y lugares de permanencia de Maduro.
Esa información, combinada con fuentes humanas cercanas al mandatario, vigilancia con drones furtivos y apoyo de inteligencia electrónica, permitió a Estados Unidos trazar un mapa minucioso de sus desplazamientos. El general Caine afirmó que el nivel de detalle alcanzó incluso aspectos personales, como hábitos alimenticios y mascotas.
La incursión fue ejecutada por comandos de élite de la Fuerza Delta del Ejército estadounidense, en una acción calificada por fuentes militares como la más arriesgada de este tipo desde la operación que abatió a Osama bin Laden en 2011.
Los comandos ensayaron durante semanas la extracción en una réplica a escala real de una de las casas de seguridad de Maduro, construida por el Mando Conjunto de Operaciones Especiales en Kentucky. La misión se activó solo tras confirmarse que el mandatario se encontraba en el lugar objetivo, en un contexto donde Maduro rotaba entre seis y ocho ubicaciones distintas para evitar ser localizado.
En los días previos, Estados Unidos desplegó aviones de Operaciones Especiales, aeronaves de guerra electrónica, drones Reaper armados, helicópteros de rescate y aviones de combate, lo que anticipaba una acción inminente.
El escenario permanece en desarrollo, con repercusiones políticas, judiciales y humanitarias aún por definirse.

