Mientras Elon Musk proyecta que los celulares podrían quedar obsoletos en cinco o seis años, Mark Zuckerberg apuesta por la realidad aumentada. Google, que se adelantó hace más de una década con Glass, vuelve ahora a competir por llevar la tecnología directamente frente a los ojos.
TECNOLOGÍA – El teléfono inteligente podría dejar de ocupar el lugar central que mantiene actualmente en la vida digital. Al menos esa es la proyección que han planteado Elon Musk y Mark Zuckerberg, dos de los principales empresarios de la industria tecnológica, aunque con visiones diferentes respecto del dispositivo o interfaz que podría tomar su lugar.
Musk estima que el smartphone tradicional podría quedar obsoleto en un horizonte de cinco o seis años, aproximadamente hacia 2030 o 2031, debido al desarrollo de la inteligencia artificial. Su planteamiento apunta a reemplazar la actual estructura basada en aplicaciones, menús y sistemas operativos por una interacción mucho más directa con modelos de IA.

Durante una entrevista en el podcast Joe Rogan Experience, el empresario describió lo que hoy conocemos como teléfono como un futuro “nodo periférico para la inferencia de IA con conexiones inalámbricas”. En ese escenario, el dispositivo conservaría funciones de imagen y sonido, mientras la inteligencia artificial asumiría buena parte de las tareas que actualmente requieren aplicaciones y plataformas específicas.
La propuesta supone que modelos alojados tanto en el dispositivo como en servidores remotos sean capaces de generar contenidos y responder a las necesidades del usuario en tiempo real. No significa necesariamente la desaparición inmediata de un aparato físico, sino una transformación profunda de su funcionamiento y de la manera en que las personas interactúan con él.
Zuckerberg apuesta por llevar la pantalla a los ojos
Una ruta diferente es la que impulsa Mark Zuckerberg, CEO de Meta. En su visión, las gafas inteligentes y de realidad aumentada podrían asumir progresivamente funciones que actualmente dependen de los smartphones, permitiendo acceder a información digital sin mantener permanentemente la mirada sobre una pantalla en la mano.
Uno de los desarrollos que representa esta estrategia es Orion, prototipo de gafas de realidad aumentada presentado por Meta en 2024. La compañía busca combinar la apariencia de unos anteojos convencionales con la capacidad de superponer contenidos digitales sobre el mundo físico. Meta ha señalado que continúa trabajando para reducir costos y avanzar hacia dispositivos de consumo escalables.

La tecnología apunta a realizar tareas como comunicación, navegación, acceso a información y asistencia mediante inteligencia artificial manteniendo las manos libres. En lugar de mirar constantemente un teléfono, parte de la información podría aparecer directamente en el campo visual del usuario.
Sin embargo, Orion continúa siendo un prototipo y no un producto de consumo masivo, por lo que la posibilidad de que esta clase de dispositivos sustituya efectivamente al smartphone sigue siendo una proyección tecnológica.
Google Glass: la idea que se adelantó a su tiempo
La apuesta de Zuckerberg tiene un antecedente inevitable en la historia reciente de la industria: Google Glass. Mucho antes de la actual expansión de la inteligencia artificial generativa, Google intentó trasladar información digital directamente al campo visual mediante unas gafas conectadas.
El proyecto no consiguió consolidarse como un dispositivo de consumo masivo y posteriormente fue reconvertido hacia aplicaciones empresariales y profesionales bajo Glass Enterprise Edition.

Finalmente, Google dejó de vender Glass Enterprise Edition el 15 de marzo de 2023 y terminó su soporte el 15 de septiembre de ese mismo año, cerrando formalmente aquella etapa del proyecto.
Pero el fin de Google Glass no significó que la compañía abandonara la idea de las gafas inteligentes.
Más de una década después de aquella primera apuesta, Google está regresando al concepto con tecnologías considerablemente diferentes y con un elemento que Glass no tuvo durante su etapa inicial: inteligencia artificial generativa avanzada.
Google vuelve a la carrera con Gemini y Android XR
Durante Google I/O 2026, la compañía entregó nuevos detalles sobre sus gafas inteligentes basadas en Android XR, plataforma desarrollada junto a Samsung y Qualcomm e integrada con el asistente de inteligencia artificial Gemini.
Google trabaja en dos categorías de gafas. Una estará centrada en audio y permitirá interactuar con Gemini mediante voz, mientras otra incorporará una pantalla capaz de presentar información directamente frente al usuario.
Entre las funciones mostradas se encuentran obtener indicaciones de navegación, enviar mensajes, tomar fotografías, realizar llamadas y solicitar asistencia a Gemini sin necesidad de sacar constantemente el teléfono del bolsillo. La compañía se asoció además con fabricantes como Gentle Monster y Warby Parker para desarrollar diseños más cercanos a unos anteojos de uso cotidiano.
Las primeras gafas centradas en audio están previstas para llegar durante 2026, mientras Google continúa desarrollando modelos con pantalla.
El contraste con Google Glass resulta significativo. Mientras aquella generación intentó introducir la computación visual cuando la inteligencia artificial y el hardware portátil tenían mayores limitaciones, la nueva carrera tecnológica combina IA generativa, cámaras, micrófonos, reconocimiento del entorno, conectividad y realidad aumentada.
Una carrera que recién comienza
Las propuestas de Musk, Zuckerberg y Google apuntan hacia un mismo fenómeno, aunque mediante caminos diferentes: reducir la dependencia de la pantalla tradicional del smartphone.
Musk imagina una interfaz simplificada dominada por inteligencia artificial; Meta busca trasladar la experiencia digital hacia gafas de realidad aumentada; y Google vuelve a explorar dispositivos que permitan recibir asistencia e información sin recurrir constantemente al celular.
Por ahora, ninguna de estas tecnologías ha reemplazado al smartphone, que continúa siendo el principal dispositivo de acceso digital para millones de personas. Incluso algunas de las nuevas gafas mantienen vínculos con teléfonos y aplicaciones existentes.
A ello se suman desafíos que podrían determinar el ritmo de una eventual transición, entre ellos el precio, la autonomía de las baterías, la privacidad asociada al uso permanente de cámaras y micrófonos, el diseño, la comodidad y la aceptación social.
El antecedente de Google Glass demuestra precisamente que una tecnología técnicamente posible no necesariamente consigue una adopción masiva. La diferencia, más de una década después, es que la inteligencia artificial está abriendo nuevas formas de interacción que vuelven a poner sobre la mesa una pregunta que parecía prematura: ¿seguirá siendo el smartphone el centro de nuestra vida digital durante la próxima década?






